Nuestro amigo Willy

Sin duda alguna, hasta ahora, este es el post de mi blog más difícil de hacer, no sólo porque he dejado de hace buen rato de escribir (me he dedicado últimamente más a leer), sino por el tema; nunca es fácil escribir sobre un amigo que no volverás a ver, y desearía que no fuera así, que aunque sea para reclamarme lo mal que lo he hecho me pegara un timbrazo o me enviar un mensaje por el Facebook.  Es complicado sentarse a tratar de recordar lo mucho que viviste con una persona y hacer, a manera de homenaje, un recordatorio de mi amigo, nuestro amigo, Willy.

Willy, como yo lo llamaba, aunque por lo visto tenía más sobrenombres de los que puedo recordarme siendo el más cariñoso “chaparro”; era de esas personalidades inquietas, más impulsivo que reflexivo podría decir, de esos que no podía estarse quieto, lo conocía a él como a su familia completa, gracias a la amistad que une a nuestros padres desde que tengo memoria, es más, no recuerdo a otro amigo de más tiempo de mi papá que el suyo.  Ambos de edades parecidas, un año casi exacto mayor que yo, ambos los cumplíamos en julio.  Debo decir que hubo partes de su personalidad que siempre admiré, y él lo sabía, tenía una enorme facilidad de hacer amigos y de caerle bien a la gente, bastante “bonachón”, y amiguero, me parece que buena parte de su vida igual fue bastante desprendido a juzgar de los múltiples favores que le hacía a mucha gente, creo que en eso se parecía mucho a su papá.

Para recordar anécdotas de él, me harían falta días, fueron tantas y seguro que yo viví sólo unas pocas, pero con sólo recordarlo me da la risa; desde niños jugando con sus viejos en el Club Campestre La Montaña, colados en muchas fiestas de quince años de chicos, jugando fútbol en el popular equipo Atlas propiedad de su viejo, haciendo “veleros” en patineta en la bajada de su casa, o de la mía que era aún más pronunciada, andando en bicicleta entre las diferentes cuadras o yendo al terreno valdío que ahora ocupa un centro comercial a jugar baseball.  La época de la Universidad fue igual buena, aunque sólo fuera de un año, gracias a él tuve transporte al menos los primeros doce meses, me pasaba a traer junto a su hermano Pedro a mi casa porque yo no tenía carro, y él un Hyundai Excel que por esa época se vendió como pan caliente en Guatemala.  También tuvimos nuestro paso por Aurora, en el fútbol nacional, nos llevó a probar suerte nuestro amigo “Chepe” hijo de Octavio “el tenaza” López, ex jugador de la selección que dirigía al equipo en esa época (nunca se lo dijimos pero a Chepe en secreto le decíamos “Alicate” por obvias razones); y nos quedamos ya no sé ni cuanto tiempo, y eso nos permitió igual compartir aún más.

Durante su sepelio, le comentaba a un par de conocidos, que por cierto me encantó mucho volver a ver, que seguramente todo se llenaría por la noche, Willy pertenecía a muchos grupos de aficiones, de Karate, de motos, de Tae Kwon Do, de la colonia, del fútbol, etc.,  así que sin duda alguna, todos querrían despedirse de él como se lo merecía.

Seguramente muchos leerán esto y se sentirán identificados, todos los que crecimos en la popular Colonia Atlántida entre los 70s y 90s seguro vimos alguna vez a Willy, ya sea por jugar en el AVRA, por jugar en el campo de la Kerns, por el Tae Kwon Do, porque pasaba haciendo un ruido horrible con su Hyunday Excel Azul, o porque alguien nos lo refirió; y seguro igual muchos coincidirán, siempre fue agradable toparse con él; siempre alegre y jodón.

Con todo mi corazón, espero que esta sea la primera y última vez que tenga que escribir sobre algún amigo de infancia a manera de despedida, si bien en los últimos años había visto poco a Willy porque la vida nos llevó por caminos diferentes, ambos buenos pero cada uno de acuerdo a sus intereses, cuando supe lo que le había pasado algo raro me recorrió el cuerpo, recordarme de tantas cosas que pasamos juntos desde prácticamente los 4 o 5 años de vida fue dificilísimo; ver a su familia al día siguiente lo fue aún más, siento un fuertísimo aprecio por su papá, su mamá (QEPD)  y sus hermanos, me conocen desde que nací y siempre me saludan con muchísimo cariño que es bien correspondido, verlos mal realmente me partió y me puso el mundo en perspectiva, una pena realmente.  Espero que tanto a ellos como a su esposa y sus dos chiquitos, Dios les dé el consuelo necesario.

Por último, cuiden a sus amigos, no dejen nunca ese “a ver qué día nos vemos” para mucho después, uno nunca sabe cuándo será la última vez que los vuelva a ver, suena a la cosa más trillada de la vida, a un recurso que usa cualquier persona que quiere cerrar un post con una moraleja, pero el día que te avisan por la noche que un amigo tuyo ha muerto, te das cuenta cuanta razón tiene esa pinche frasecita que te parecía incluso cursi cuando otro lo decía, que desearías haberle hecho caso y llamado a tus amigos por lo menos para un  “quihubo, cómo estás?”.  Tuve el gusto de toparme con Willy hace un par de meses en un McCafe, estaba con su esposa y yo iba con la mía, y lo que en principio iba a ser un cafecito de 15 minutos, se volvió una charla de un par de horas recordando tantas cosas, nos despedimos con el peculiar abrazo y el tradicional “llégate a la casa a comer”, nunca hubiera pensado que sería el último saludo que le daría, el último apretón de manos y abrazo.

Hoy, puedo decirle a todos mis amigos de mi querida Colonia Atlántida, que al igual que todos los que le conocieron, me siento muy contento de haber podido contar con la amistad de Willy, y que seguro siempre lo recordaré con una sonrisa en el rostro, un andar peculiar, una personalidad amiguera y sobre todo con una enorme calidad humana.

Abrazo!

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *