Son casi las nueve de la noche, acabo de salir de donde Mati y Adri que hasta ahora comparten cuarto, con la guitarra en mano y después de haber talaleado muchas canciones, algunas infantiles muy conocidas y algunas que canto y no les gustan a ninguno de los dos; además, le hemos puesto música a sus actividades del día, y es la forma más creativa que he conseguido para que me cuenten qué hicieron porque cada vez que les pregunto “cómo te fue en el cole?” aparece la invariable respuesta de “bien”; así sin más, sin detalles, así que cuando pongo música y ellos cantan su día, me entero de lo que por la mañana no me quisieron contar. Voy y cuelgo la guitarra y de repente oigo en mi mente “te has dado cuenta de lo que le debes a este charango?” y me recuerdo de muchas cosas que me han sucedido en la vida y ella estuvo presente, como testigo fiel de tanto momento feliz.
Bastaría con agradecerle que gracias a ella conocí a Karen, mi esposa, en una noche del 7 de diciembre; recuerdo haber estado en mi casa en las celebraciones de la tradicional “quema del diablo” cuando me llegaron a buscar para que sacara la guitarra y cantáramos, ella llegó, la conocí y bueno, lo demás es historia, tenía yo 16 años, ella 15, y de allí en adelante, una vida juntos. Pero el asunto no se queda allí, gracias a mi guitarra he pasado momentos muy agradables, en la casa de mis viejos nunca faltaban los tríos los fines de semana, tuve la suerte de aprender música y canciones que ahora que las escucho me rio por dentro, se imaginan a un chico de 15 años cantando boleros sudamericanos que nunca se llegaron a oír en Guatemala? Aquí se escuchó mucho el trío Mexicano, pero música sudamericana muy poca, así que fui afortunado en ese sentido. Entre las cosas que siempre le estaré agradecido a mi eterna novia es la oportunidad que me dio para dedicarle una canción a mis viejos, lo recuerdo mucho, que fue para el tradicional concurso salesiano “Juventud”, en donde no pudieron acompañarme en las rondas previas pero en la finales me llegaron a ver y pude cantarles, cosa difícil, te tiembla la voz de principio a fin, pero la guitarra es un catalizador de los nervios, hubiera sido más difícil hacerlo sin ella.
Nunca podré agradecerle lo suficiente, las incontables misas que cantamos juntos, y que gracias a ella muchos conocidos me invitaron a participar en las celebraciones más importantes de su vida, haber tocado y cantado en bodas y quince años han sido experiencias todas lindas, que amigos te confíen un momento especial en uno de sus días más importantes es impagable, espero haber estado siempre a la altura, y si no, al menos lo han disimulado bastante bien porque todos han dado las gracias. En este apartado, uno de los momentos más especiales para mí fue haber cantado, junto a mi hermano menor, en la boda de mi otro hermano, linda experiencia; aunque durante el evento uno no para de pensar “no lo arruines” jajaja, da miedo que los nervios te traicionen y olvides la letra o desentones, pero la verdad es que la experiencia es imborrable. Recuerdo igual con mucho cariño, las noches del 11 de diciembre de tantos años, en donde iba con muchos amigos a darle serenata a la Virgen de Guadalupe, y nos daba la madrugada cantando, época alegre y bendita, muchas amistades duraderas se formaron durante ese tiempo, y mi guitarra estuvo allí, al pie del cañón y sin quejarse del desvelo.
Así que hoy, mientras termino de poner la guitarra en su lugar, le doy las gracias por todo el camino recorrido juntos, por dejarme divertirme con ella, por dejarme cantarle a mis hijos y esposa, por las noches de stress que me ha quitado de encima, por las noches tristes igual en que me ha acompañado y sobre todo porque creo que nos quedará mucho tiempo aún para pasarla juntos y como siempre, estará en los momentos más importantes míos y ahora, de mi familia. Siempre he pensado que las aficiones, además del trabajo, llenan tu vida de una forma que te identifica, y le doy gracias a Dios que la música haya aparecido en la mía para quedarse, no seré un músico de profesión, es más, soy uno bastante mediocre, pero las noches que he bailado y cantado a su ritmo, quién me las quita?
Un abrazo!


