Recordando el comedor San Judas Tadeo

Hace algunos días le comentaba a Kachi, mi esposa, que tuve un sueño sobre uno de esos detalles de la vida que se olvidan fácilmente, cosas que uno cree que pasaron sin dejar huella pero que el cerebro se niega a dejar ir porque algo sacó de esa experiencia.   Para contarles un poco, vengo de una familia con muy pocos recursos en donde el trabajo de mis padres logró llevarnos poco a poco a ser de clase media baja, bastante baja diría yo, así que la mayor parte de mi niñez la viví con ciertas carencias, aunque nunca me faltó alimento y estudio; recuerdo esa época con mucho cariño y aún más nostalgia, no cambiaría nada de lo que pasé por ese entonces y si bien, gracias al intelecto, esfuerzo y dedicación de mis padres se mejoró, fue una época invaluable para mí.  De esa cuenta, y como es lógico pensar, estudié en un colegio bastante sencillo, aún en estos días, el Colegio Loyola, ubicado entre la cuarta calle y once avenida de la zona 1; y estoy totalmente consciente que gran parte de mi forma de ser se la debo a esa institución, principalmente a mi etapa durante educación básica.  Sin embargo, más allá de ponerlos en contexto, hoy no quiero hablarles de eso, hoy quiero recordar una tradición que todos los años tuvo mi mamá precisamente para esta época, entre septiembre y octubre de cada año, creo que ella no recuerda todo esto, y yo para ser sincero lo había olvidado, hasta que hace unos días, desperté con esa nostalgia que tiene uno cuando en sueños recuerda cositas que lleva guardadas muy dentro, cosas que salen sin necesidad de vino ni lágrimas. 

Cada año, entre septiembre y octubre, cerraba mi ciclo escolar, y se tenía por costumbre que una vez cerrado el mismo, pasaban por lo menos unas dos semanas para que dieran las notas oficiales.  El día de la entrega de notas, cada niño llegaba acompañado de sus padres al colegio, se formaba en línea, había un pequeño mensaje de la dirección y luego cada uno se enfilaba hacia su sección a esperar su ocasión para hablar con la profesora de turno y recibir las buenas o malas noticias.  En mi caso particular siempre enfilaba hacia mi sección con mucho nerviosismo, nunca fui un mal estudiante, pero creo que mis maestras y yo yo nunca logramos ponernos de acuerdo en lo que significaba “portarse bien” .  En realidad no era un tomento para mis educadores, pero tenía mucha tendencia a platicar demasiado en clase y según ellos, a colaborar poco en el orden; recuerdo como que fuera hoy, cada una de los comentarios que ponían en forma de numeral, en mi hoja de calificaciones; siempre ponían algo bueno, haciendo referencia a mi buena aplicación y responsabilidad en mis materias, pero siempre lo adornaban con algún comentario sobre mi comportamiento, cosas como “Platica demasiado en clase”; “Colabora poco en el orden y disciplina”, etc., etc., etc., fueron muy recurrentes, lo irónico es que creo que realmente no era mal portado sino que me costaba mucho estar callado, y lo más irónico es que después de todos esos regaños de maestras y el posterior jalón de orejas de mi madre, ahora me pagan por hablar!!!.   El asunto es que gracias a Dios, nunca obtuve malas notas, así que mi madre cada año, me llevaba a celebrar, de una manera muy particular y ajustado a lo que podía hacerse, y cómo era?  pues recuerdo que de la 11 avenida de la zona 1, empezábamos a caminar hasta alcanzar la 7a avenida y 5ta calle de la misma zona, es decir, 5 cuadras del colegio para entrar al área de comedores del Mercado Central de Guatemala.  Recuerdo muy bien, que se entraba y dicha área se mezclaba entre la venta de frutas y verduras en un piso inferior al nivel de la calle.  Tengo frescas aún en mi memoria, las imágenes del comedor “San Judas Tadeo” , ubicado justo al centro del salón pintado de verde, y un gran rótulo que colocaba a manera de menú, las especialidades de comida guatemalteca que allí se vendían y venden hasta nuestros días.  No recuerdo haberlo visto vacío nunca, la barra en donde se servían los alimentos siempre estaba llena de todo tipo de personajes, desde vendedores que detenían su jornada para probar algún bocado, borrachitos buscando algún tipo de caridad; hasta mamás que acababan de recibir las notas con sus hijos (allí es donde entro yo).  El menú no era muy sofisticado pero si variado, todo tipo de tostadas, “chuchitos”, tamales, “hilachas”, dobladas de chojín, etc., y por supuesto diversas clases de atoles y refrescos muy tradicionales en nuestra tierra. Sí tenía algún plato favorito, sinceramente ahora no lo tengo presente, lo que sí recuerdo es que ese día era para mí, y que la atención de mi madre estaba puesta en esa pequeña celebración conmigo, en ese “te puedes repetir si quieres” y ese cierre de ciclo que marcaba un fin a un pequeño logro y el inicio del próximo; creo que a la larga, eso es lo que más me queda, y lo que me hace un agujerito en el corazón mientras lo escribo. 

Luego de comer, íbamos a visitar a mi abuelita paterna, que tenía un par de locales en dicho mercado en donde venía productos típicos de Guatemala, cosas como ropa, telares, juguetes de madera, etc. es una pena que ahora que ella ya no está, la familia de mi viejo no haya podido mantener ese pequeño negocio, a más de alguno en la familia estoy seguro que hubiese podido servirle, pero eso es tema par otro post. 

En fin, hoy mi necesidad de escribir me llevó a contarles este pequeño recuerdo de mi vida, cosas que uno cree que se olvidan pero no, cosas que uno deja de apreciar porque gracias a Dios la situación particular ha mejorado y posiblemente no tenga el gusto de repetir.  Qué bueno que la memoria evoca momentos en particular para que uno no se olvide de donde viene, de los detalles que la vida tuvo y para que recuerde que aún en la adversidad y tiempos difíciles, siempre hay alguien que estuvo allí para darte un gustito, para hacer tu vida más fácil y para que ahora, yo esté aquí, recordando que no es necesario gastar mucha plata para grabar en la mente de una persona, un momento especial. 

Hasta otro post.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *