Al final, todo se reduce a un marco de fotos

Hace dos fines de semana, finalmente me decidí a hacer algunas cosas en la casa que había estado posponiendo, ustedes saben, lo de siempre, arreglos que va necesitando cualquier lugar con dos mini huracanes que dejan todo tirado por donde pasan y un padre que en ocasiones colabora con la causa.

Es así, como finalmente desmpolvamos algunas cosas que uno siempre dicen “esto quedaría bien aquí, o allá” pero nunca se da cuenta porque no llega a ponerlo, y me refiero concretamente a los marcos para fotos, sí, sí, esos mismos que le dan a uno para bodas, bautizos, graduaciones, quince años, etc., cuando no se les ocurre nada más que regalar.  Y no malinterpreten mi comentario, son de lo más útil, simplemente me refiero, al hecho de que uno suele apilarlos porque simplemente “no sabe cuál foto poner”.  En mi caso particular, desempolvé algunos que teníamos guardados o mal usados y decidimos arreglar la sala de la casa con retratos de los chapulines y con momentos que uno siempre quisiera recordar.

Ok, primeras dos horas, sala en orden, el aparato de sonido que estaba en el piso al fin recogido, las bocinas bien ubicadas, nueva disposición de la sala, dos mesitas nuevas, etc., etc., etc., llego el momento de colocar los susodichos cuadritos, el lugar era lo de menos, el asunto, y cuáles fotos ponemos?  ni lento ni perezoso, me recorrí todas las fotos impresas que tenemos, que en estos días suelen no ser muchas a expensas de los archivos digitales que pululan en cualquier dispositivo de la casa, desde los teléfonos celulares (que ahora son de todo menos teléonos, incluyendo cámara fotográfica) hasta los USBs de backup que mi terror a perder info me lleva a tener en mi casa y escritorio en buena cantidad.  Mientras recorríamos las fotos con Kachi, recordábamos todos los momentos que hemos pasado juntos, y la afición de Adrián a ver fotos nos llevo a ver algún archivo más de una vez; desfilaron por varias horas ante nuestros ojos cumpleaños, aniversarios, reuniones familiares, el acto del día de la madre, del día del padre, los nacimientos, bautizos, bodas de hermanos, clases de natación, equipos de fútbol, recuerdos de cõmpañeros de oficina, navidades, viajes y otros muchos eventos de los cuales por alguna u otra razón, quisimos guardar recuerdos.  Casi sin darme cuenta, nos recorrimos parte de la colección de fotos en más del doble de lo que nos tomó el supuesto trabajo duro de arreglar la sala, y no habíamos escogido ni una sola foto para los benditos “marquitos”; eso sí, nos reimos, nos recordamos un poco, sentimos nostalgia por algunas personas que alguna vez conocimos, algunas otras que se nos habían adelantado a un mejor sitio, y por tantos y tantos momentos que un par de veces, mientras le daba “click” para ver la siguiente foto sentía que el corazoncito se me encogía.  Pude ver a mis hermanos más pequeños, y uno de ellos aún soltero, a mis cuñados cuando aún eran niños, las reuniones familiares sin los dos pequeños radios que ahora viven en mi casa (no hay forma de que se callen un rato), a mis papás y suegros cuando aún no éramos “familia”, amigos de oficina que ya no están, a mi abuelita que nos dejó hace buen tiempo y mil personas más que aunque uno cree que olvidó, hay una parte del cerebro y del corazón que nunca se atrevió a borrar esos recuerdos.

Entonces, me puse a pensar, que a pesar de que escoger una foto para un cuadro es una tarea relativamente sencilla, cuando la ves un poco más allá, representa el hecho de poner en él, ese momento preciso que podrías ver una y mil veces y nunca te aburrirás del sentimiento que ese recuerdo te provoca, y más aún, cuando te pones a pensar en cómo quieres ser recordado, toma una dimensión totalmente distinta, es el hecho de pensar en que más allá de tu pura imagen, qué quieres despertar en los demás cuando vean tu foto, cuando decidan ponerte a ti en ese cuadrito que adornará una sala, sea ahora o sea mañana, estes vivo para verla o no.

En fin, a algunos les parecerá tonto lo que escribo a veces, pero no puedo evitar pensar en estas cosas, mi mente me traiciona, y el hecho de pensar en cómo quiero ser recordado, me hace concluir, que al final de mis días, todo se reducirá a como quiero que los que me trasciendan, luzcan un “cuadrito” con mi foto.

Hasta otra tontad, perdón!! otro post Smile

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